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El director Juan Carlos Fresnadillo procede de las Islas Canarias, lugar quizá poco dado al cine por su alejamiento del epicentro español, es decir, Madrid, a donde aún se tiene que ir quien quiera dedicarse al arte, que para algo es la capital del reino borbónico. Fresnadillo fue a estudiar a Madrid pero por nada artístico en principio -sociología- aunque lo combinaría con cursos de cine y fotografía. Crearia su propia productora, de publicidad y cortometrajes y 9 años después estrenaría su exitoso corto Esposados. 5 años después lanzaría su opera prima, Intacto, con gran éxito de crítica y público, obteniendo el Goya a la mejor dirección novel. Incluso Hollywood ha comprado los derechos de Intacto para realizar un remake. Pese a la aún corta carrera de Fresnadillo es ya prometedora y fulgurante, muchos dirían que ha tenido gran suerte, pero ¿es suerte? ¿es un don especial que poseen sólo algunos? ¿o es qué ha sabido manejar su suerte? Todo esto se plantea en Intacto.
Intacto es un thriller fantástico difícilmente clasificable por su eclecticismo, lo que de por sí demuestra la gran capacidad creativa de Fresnadillo sin caer en el mero sucedáneo, sino que aporta un estilo muy característico a su gusto por el cine de Alfred Hitchcock y David Lynch. La historia consiste en un afortunado fugitivo de la justicia que ha sobrevivido al accidente de un avión. Esto le lleva a él, Tomás (interpretado por Leonardo Sbaraglia), a conocer a Federico (Eusebio Poncela), que acaba de perder el don de la suerte que ha descubierto en Tomás y que le fue robado por su mentor Sam (el sueco Max Von Sydow). Federico le convencerá para que juntos emprendan un viaje en un submundo de apuestas. Sobre este planteamiento se realiza una parábola sobre la suerte, de cómo realmente, y paradójicamente, podemos controlar el azar. Esta suerte es a su vez robada a otras personas, para que unos tengan suerte otros deben perderla, metafórico es en el filme que los que tienen el don transmitan la mala suerte al tocar. Esto nos lleva a otro de los personajes, la inspectora de policía Sara (Mónica López), afligida por la muerte de su familia a la que ella sobrevivió. Tiene, como Tomás, el don, sin embargo ella no fue tan afortunada porque su familia sí murió. Se siente de alguna manera resentida con Tomás y por ello lo persigue. Para encontrar a Tomás contactará con Alejandro (Antonio Dechent), torero retirado al haber perdido el miedo a su oficio por su don y que recupera la emoción y el miedo apostando en los juegos clandestinos para quienes tienen el don. Él conducirá a Sara a través de este mundo como Fernando con Tomás, para poder encontrar a este último. Tenemos a Tomás, que se ha encontrado con la suerte y debe aprender a manejarla, a Federico, que busca la venganza con Sam, a este último, dueño del Hotel Casino que ha abandonado todo ser querido en beneficio de su ambición, ya que es quien tiene el mayor don de la suerte del mundo. Por otra lado están Sara, que como Sam arrastra una pena de culpabilidad y, como Fernando, busca una venganza y, por último, Alejandro, que viene a representar al rico cansado de su monotonía y que por ello busca emociones fuertes.

Rodada entre Madrid y Tenerife, esta película gracias a sus adecuados escenarios tanto interiores como exteriores y a una lograda ambientación y fotografía está envuelta de una atmósfera muy especial, inquietante y misteriosa, con influencias del surrealismo de David Lynch (aunque más sutilmente). Su desarrollo es complejo, desmontándose la trama poco a poco, encajando con habilidad todas las piezas del puzzle, aunque la segunda mitad de la película puede hacerse algo densa si la comparamos con el ritmo mejor llevado del principio pero aún así no es nada que distraiga la atención del espectador o que le aburra, sino que la historia va generando interés, aunque posiblemente era de esperar un final mejor tras un desarrollo tan interesante. Aparte de una realización soberbia, un guión solvente, una estupenda fotografía y la mencionada ambientación, las interpretaciones son también de un alto nivel, destacando especialmente, en mi opinión, la de Eusebio Poncela, trazando con absoluto tino un personaje frío y calculador.
Viendo películas como esta uno no entiende la manía de cierto sector del público hacia el cine español, es más, si esta película fuera estadounidense no me extrañaría que estuviera considerada como un clásico del thriller moderno a la altura de films como Seven. El cine de género español nunca ha tenido suerte, pero quizá Fresnadillo ha aprendido a manejar la suya. [7'5]
- Paco Antequera

Hablar de La noche de los muertos vivientes es hablar de un tótem del cine de terror moderno y de la gran referencia de su género, el de zombies, como lo es El exorcista dentro del género demoníaco, La matanza de Texas en el american gothic o Halloween en el slasher. La importancia de este filme es tal que fragmenta en dos la historia del cine de zombies; por un lado películas inspiradas en los rituales vudú (a través de los cuales se "zombifica"), cuyos films más importantes son White zombie y Yo anduve con un zombie, y por otro lado, desde 1968, el concepto de zombie creado por George Romero en La noche de los muertos vivientes, muertos putrefactos que vuelven a la vida con hambre de carne humana que contagian la "zombificación" a través del mordisco y que son neutralizados dañando su cerebro (por lo general con un objeto contundente o un disparo). Desde entonces, incontables películas siguen con más o menos variaciones las directrices marcadas por Romero en su opera prima.
La noche de los muertos vivientes figura junto a películas como La matanza de Texas, Halloween, Evil dead o con mayor actualidad El proyecto de la bruja de Blair como uno de los pocos filmes de escaso presupuesto con un gran éxito de taquilla. Los medios de que disponían eran claramente limitados: básicamente una casa, unos cuantos actores desconocidos y una cierta cantidad de extras como zombies, a los que se les retribuyó con una camiseta en la que figura una frase algo así como "yo estuve en el rodaje de La noche de los muertos vivientes". No obstante, a diferencia de lo que se pudiera creer, el largometraje pudo rodarse en color pero Romero optó por el blanco y negro, que ciertamente es un acierto en una película en la cual la mayor parte se desarrolla en la noche, contribuyendo a crear una atmósfera malsana. Observamos influencias de Alfred Hitchcock en la manera de crear suspense en la trama, pudiendo encontrar ciertos paralelismos con Los pájaros, el más evidente es el asedio inesperado por parte de unos seres. En La noche de los muertos vivientes este asedio lo efectúan los zombies hacia una casa en la que se parapetan los desafortunados personajes, que bloquearán toda entrada a la casa, lo que sería muy imitado no sólo en el cine de zombies, dándose en algunas películas la incoherente situación de que unos personajes que se encierran sin mediar demasiada palabra proceden a bloquear los accesos con puertas del interior de la casa y maderos, como si todos hubiesen visto La noche de los muertos vivientes. El ambiente ténebre del film se refuerza con una crudeza inusual para la época, que sin llegar a poder considerarse gore, sí fue una de las principales influencias del mencionado género.

Otro rasgo un tanto singular es la velada crítica social de su historia. Como el propio George Romero afirma, sus películas no son las típicas historias de terror huecas, sino que encierran unos determinados planteamientos políticos. Si bien Romero también afirma que sin embargo La noche de los muertos vivientes no la concibió como una reflexión socio-política, sí muestra al menos un determinado retrato social. No es casualidad que de entre los muertos vivientes que asedian la casa se encuentren todo tipo de estratos sociales, diferentes pero iguales ante la muerte. Pero más allá de esta premeditada imagen social en el exterior de la casa, encontramos dentro de ella el conflicto de unos personajes movidos por una pulsión de supervivencia e, incluso, los intereses personales antepuestos a los de la colectividad. Finalmente, el género humano llega a ser un peligro mayor que los propios zombies, "un lobo para el hombre".
Donde algunos si observaron una crítica socio-política donde según Romero no la hay es en el final, en el que vieron una crítica al racismo presente en la sociedad, aunque lo más probable es que su significación no vaya más allá de la fatalidad. Sin embargo, en el más que correcto remake de 1990 de La noche de los muertos vivientes sí se realiza en el desenlace una crítica política, que entraña un reflejo clasista y alegoría del abuso de una clase dominante sobre otra, como ya expondría Romero más ampliamente en la cuarta y última parte de la saga, La tierra de los muertos vivientes.
La noche de los muertos vivientes es, en definitiva, una obra maestra convertida en pieza clave del terror moderno, sin la cual este no sería como es, pues no es sólo la imprescindible referencia del cine de zombies moderno, sino una de las películas más influyentes en la historia del cine de terror que realizada con bajo presupuesto hace tantos años aún sigue impactando. [10]
- Paco Antequera