Intacto (Juan Carlos Fresnadillo, 2001)

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El director Juan Carlos Fresnadillo procede de las Islas Canarias, lugar quizá poco dado al cine por su alejamiento del epicentro español, es decir, Madrid, a donde aún se tiene que ir quien quiera dedicarse al arte, que para algo es la capital del reino borbónico. Fresnadillo fue a estudiar a Madrid pero por nada artístico en principio -sociología- aunque lo combinaría con cursos de cine y fotografía. Crearia su propia productora, de publicidad y cortometrajes y 9 años después estrenaría su exitoso corto Esposados. 5 años después lanzaría su opera prima, Intacto, con gran éxito de crítica y público, obteniendo el Goya a la mejor dirección novel. Incluso Hollywood ha comprado los derechos de Intacto para realizar un remake. Pese a la aún corta carrera de Fresnadillo es ya prometedora y fulgurante, muchos dirían que ha tenido gran suerte, pero ¿es suerte? ¿es un don especial que poseen sólo algunos? ¿o es qué ha sabido manejar su suerte? Todo esto se plantea en Intacto.

Intacto es un thriller fantástico difícilmente clasificable por su eclecticismo, lo que de por sí demuestra la gran capacidad creativa de Fresnadillo sin caer en el mero sucedáneo, sino que aporta un estilo muy característico a su gusto por el cine de Alfred Hitchcock y David Lynch. La historia consiste en un afortunado fugitivo de la justicia que ha sobrevivido al accidente de un avión. Esto le lleva a él, Tomás (interpretado por Leonardo Sbaraglia), a conocer a Federico (Eusebio Poncela), que acaba de perder el don de la suerte que ha descubierto en Tomás y que le fue robado por su mentor Sam (el sueco Max Von Sydow). Federico le convencerá para que juntos emprendan un viaje en un submundo de apuestas. Sobre este planteamiento se realiza una parábola sobre la suerte, de cómo realmente, y paradójicamente, podemos controlar el azar. Esta suerte es a su vez robada a otras personas, para que unos tengan suerte otros deben perderla, metafórico es en el filme que los que tienen el don transmitan la mala suerte al tocar. Esto nos lleva a otro de los personajes, la inspectora de policía Sara (Mónica López), afligida por la muerte de su familia a la que ella sobrevivió. Tiene, como Tomás, el don, sin embargo ella no fue tan afortunada porque su familia sí murió. Se siente de alguna manera resentida con Tomás y por ello lo persigue. Para encontrar a Tomás contactará con Alejandro (Antonio Dechent), torero retirado al haber perdido el miedo a su oficio por su don y que recupera la emoción y el miedo apostando en los juegos clandestinos para quienes tienen el don. Él conducirá a Sara a través de este mundo como Fernando con Tomás, para poder encontrar a este último. Tenemos a Tomás, que se ha encontrado con la suerte y debe aprender a manejarla, a Federico, que busca la venganza con Sam, a este último, dueño del Hotel Casino que ha abandonado todo ser querido en beneficio de su ambición, ya que es quien tiene el mayor don de la suerte del mundo. Por otra lado están Sara, que como Sam arrastra una pena de culpabilidad y, como Fernando, busca una venganza y, por último, Alejandro, que viene a representar al rico cansado de su monotonía y que por ello busca emociones fuertes.

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Rodada entre Madrid y Tenerife, esta película gracias a sus adecuados escenarios tanto interiores como exteriores y a una lograda ambientación y fotografía está envuelta de una atmósfera muy especial, inquietante y misteriosa, con influencias del surrealismo de David Lynch (aunque más sutilmente). Su desarrollo es complejo, desmontándose la trama poco a poco, encajando con habilidad todas las piezas del puzzle, aunque la segunda mitad de la película puede hacerse algo densa si la comparamos con el ritmo mejor llevado del principio pero aún así no es nada que distraiga la atención del espectador o que le aburra, sino que la historia va generando interés, aunque posiblemente era de esperar un final mejor tras un desarrollo tan interesante. Aparte de una realización soberbia, un guión solvente, una estupenda fotografía y la mencionada ambientación, las interpretaciones son también de un alto nivel, destacando especialmente, en mi opinión, la de Eusebio Poncela, trazando con absoluto tino un personaje frío y calculador.
Viendo películas como esta uno no entiende la manía de cierto sector del público hacia el cine español, es más, si esta película fuera estadounidense no me extrañaría que estuviera considerada como un clásico del thriller moderno a la altura de films como Seven. El cine de género español nunca ha tenido suerte, pero quizá Fresnadillo ha aprendido a manejar la suya. [7'5]

- Paco Antequera